Uno de los grandes placeres de la vida es leer antes de dormir. Te permite conocer nuevos mundos, sentirte una aventurera por un tiempo, aprender sobre complicados temas o disfrutar de relaciones apasionantes. También sirve para desconectar del mundo por un ratito, dejando de lado el teléfono móvil y la hiperconectividad con el mundo. Desconectar el teléfono está en mi rutina diaria antes de irme a dormir, tras ducharme y meterme en la cama. Entonces cojo el libro y me sumerjo en sus páginas hasta que el sueño me llama.
Pero reconozco que no es una rutina estricta. Tengo algunas pequeñas excepciones que no puedo contar a nadie. Cuando voy a desconectar el teléfono siempre reviso si mi rubia me ha hablado. Ella no lo sabe pero desde hace un tiempo fantaseo con ella. No puedo explicar el motivo, pero mirar sus ojos o su linda cara me provoca un aumento inmediato de la temperatura. Y sus curvas… ¡Ay, sus curvas!
Si llega a enterarse de esto seguramente se molestara. Ella no es tan apasionada como yo. Tengo que mantenerlo en secreto, pero cada día se hace más común que acabe pensando en ella. Cada día, justo antes de apagar el teléfono, reviso si me ha escrito y sustituyo el libro por el chat si es así. Nos pasamos las horas hablando, cada una en su cama. Compartimos confidencias, pensamientos y bromas. Creo que solo eso me gusta más que leer en la cama antes de dormir.
Alguna vez las conversaciones se han vuelto más subidas de tono y no he podido evitar que mis manos recorrieran mi cuerpo, soñando con que eran las de ella. Al principio se quedaba ahí pero poco a poco fue a más y terminaba masturbándome mientras chateaba con ella. ¡Ella nunca puede enterarse de esto!
¿Lo hará ella también? Imposible, ella nunca pensaría de esta forma con una chica. Un muro imposible de derribar…
Hoy está sola en casa. Su familia se ha ido de vacaciones a la playa, y ha decidido que mejor que chatear, podíamos hablar. La fantasía aumenta. Yo estoy desnuda sobre mi cama y no he tardado ni un minuto en lanzar el libro por los aires y descolgar el teléfono. Mi corazón está a mil por la sorpresa. Ha empezado a comentarme todo lo que ha hecho durante el día pero se ha puesto sentimental, y me cuenta que anhela echar un buen polvazo. Lleva varios meses sin encontrar a nadie que le motive y empieza a dudar si tiene el listón demasiado alto con los chicos. Cuando ha empezado a recordar sus mejores experiencias, irremediablemente, he tenido que acariciar mis pezones y apretar mis tetas. Ya solo escucharla hablar me excita, así que cuando me cuenta sus experiencias no encuentro el freno y tengo que buscar el auto placer.
Debo reconocer que ha tenido muy buenas historias para contar. Yo también le comparto las mías. Son distintas, ella es más salvaje pero yo más imaginativa, pero creo que también le gusta escucharme contarlas.
No sé si el deseo me impide medir las palabras, pero me he sincerado y le he dicho que es una pena que, estando ambas solas en casa, no hayamos aprovechado para pasar la noche juntas hablando cara a cara en lugar de estar por teléfono.
Su respuesta no me la habría esperado nunca. Ha activado la cámara para que al menos nos miremos a los ojos. Me he puesto muy nerviosa porque estoy totalmente desnuda y acabo de empezar a masturbarme. ¡¿Qué pensaría de mí si se da cuenta?! Me he sentado en la cama con las piernas cruzadas y con la mano izquierda sujeto el teléfono de forma que no se me vean (casi) las tetas. Ella está tumbada bocabajo sobre la cama con el teléfono apoyado en la almohada y la cara sostenida por su mano. Apenas se mueve, al contrario que yo. Gesticulo mucho con la mano libre, y esto hace que de vez en cuando alguna teta aparezca en cuadro. Lo tomo con naturalidad, tenemos confianza… no tiene por qué molestarse. Aunque creo que en algún momento se ha quedado mirándomelas con bastante interés.
Le cuento una de mis fantasías, la de que me gustaría ser la ama de una chica por una noche, y ella se ríe mucho. De vez en cuando me pide que le cuente cosas que me gustaría probar. Creo que me toma a broma, o por loca, y se ríe siempre. Hoy ha jadeado.
Un momento…
-Rubia ¿y ese jadeo? – le pregunto.
Se ha puesto un poco roja. Dice que ha sido solo un pequeño ataque de sueño y que tiene que despedirse ya.
No me cuadra y me quedo mirándola unos momentos…
-Rubia ¿por qué llevamos hablando 2 horas y solo veo tu mano izquierda? ¿Dónde está la derecha? ¿Qué estás haciendo?
-…
Empiezo a reír con todo mi ser. ¡La he cazado, la he cazado! Se me cae el teléfono, mostrando por un momento todo mi cuerpo desnudo. Me recompongo y vuelvo a la conversación.
-Estás muy buena, amiga, lo siento. No he podido evitarlo
-¡Pero qué dices, si me encanta! Yo estaba haciendo lo mismo.
-¿Quéééééé?
Me lleno de valor y le hago un plano de cuerpo entero con una mano mientras con la otra me acaricio el coño para ella, y luego le hago un primer plano de mis tetas. Veo como se muerde el labio y cierra los ojos, sin duda ella también se está tocando mientras mira.
-Cómo me gustaría tenerte aquí al lado, Rubia. No tendrías que molestarte en tocarte, yo misma te echaría una mano.
-No, no, no… Si estuvieras aquí ahora mismo tendrías la cabeza entre mis piernas, lamiéndome hasta lo mas profundo. – Jadeaba de nuevo.
Ella es mas pudorosa con su cuerpo pero me regala alguna imagen de sus tetas para mi disfrute.
-También te lamería esas tetas. Me encantaría acariciarlas y morderlas.
Mi sexo está complemente empapado y decido regalarle mi orgasmo. Me tumbo completamente y pongo la almohada en los pies. Apoyo el teléfono de forma que enfoque mi entrepierna, dando un plano directo de mi vulva. Ella resopla por la excitación. Yo abro mis labios con una mano mientras con la otra empiezo a explorarme. Aunque aparento que voy a tratar alargar todo lo posible, pronto empiezan a introducirse en mi vagina dos deditos. Mientras, con la otra mano rozo mi clítoris despacio.
La respiración de mi rubia está acelerada y me pide que me corra. Es la primera vez que ve un coño solo para ella, aunque sea a través de la cámara. Observa como introduzco un tercer dedo. A través del teléfono escucho el chapoteo que hace su coño. También está a punto de acabar. Estiro mi mano y con la puntita de los dedos abro el cajón de la mesilla y extraigo el succionador de clítoris. Compruebo que tiene pilas y lo acerco a mi entrepierna. Lo pongo a la velocidad mínima y me lo aplico, haciendo movimientos circulares y comprobando que sigue todo en plano para mi rubia. Ella lo está disfrutando. Por por sus jadeos y palabras entrecortadas intuyo que se acerca al orgasmo.
Voy aumentando la velocidad del succionador. Una más y la disfruto alrededor de un minuto. Otra más, y la disfruto otro poquito…
-Qué bonito coño tienes, cabrona… – su tono suave confirma que se ha corrido pero sigue mirando el regalo que le estoy haciendo para no perderse ningún detalle.
Cuando llego a la última velocidad no consigo aguantar ni medio minuto. El placer me desborda y me tensa todos los músculos del cuerpo para luego relajarlos por completo.
Cuando recupero leventemente el sentido me doy cuenta de lo que acabamos de hacer y de la fantasía que acabo de cumplir. Pero también soy consciente de que al otro lado del teléfono mi rubia está aún conectada y la vergüenza me invade. No quiero coger el teléfono. Escucho como me llama… No sé qué decir.
Me armo de valor y cojo el teléfono. Puedo verla desnuda de cintura para arriba con mucha naturalidad, sonriendo. Me cuenta lo que ha experimentado y que alguna vez había fantaseado conmigo. No era la primera vez que se masturbaba mientras hablábamos, pero no se atrevía a pedirme alguna foto sugerente. Mucho menos que le mostrara todo mi coño mientras me corría. Yo le confieso que también lo había hecho pero tenía miedo de que se tomara a mal si le pedía alguna foto.
Se rio mucho. Mucho y muy fuerte. Es posible que sea por los efectos de las hormonas que se liberan con el orgasmo pero me promete que de vez en cuando me mandará alguna foto sugerente para animarme las noches.
Ya es de madrugada y decidimos despedirnos para descansar. Pero sobre todo, nos damos un beso y prometemos seguir con estos juegos de vez en cuando. Así que por una temporada, mis noches van a ser literalmente: leer y disfrutar.